Definitivamente es un autobús maligno.

Ayer noche perdí un 23, el primer nocturno.
En cambio, se nos disculpó el conductor, y niñas se arrodillaban a nuestro alrededor, empujones y prisas, 23 nocturnos veloces, misteriosos y conspiradores. Malignos como el TRAM.
Ayer tardé casi tres horas en llegar a Alicante desde Altea con el Tramsporte preferido.
Ayer fue un día como otro cualquiera, donde un tercio del día se fue en viajes inútiles en transporte público.
Es verdad que mejor coger el trenet o el bus para salvar el planeta, pero tampoco cuesta arreglar esos problemas endémicos de transporte que azotan a nuestra provincia alicantina.

Fdo:
Un humilde redactor
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