Las viñas estaban enterradas entre el barro. 1 de 3

   Todo empieza a las ocho y media de la mañana del viernes, despertándome de golpe ante la llamada de mi señora madre preguntandome si estaba vivo. Tras un rapido organizamiento cerebral recojo todo lo que tengo a mano, lo meto en una mochila y a la aventura. Son las nueve menos cinco y he quedado a las nueve con Elena (una compañera que no me volverá a hablar en la vida, después del "viaje" que tuvimos). Cogemos el tren a las diez menos diez, tenemos que estar a las doce y vamos justos. Llegamos a Alicante a las once y media y de milagro cogemos un 21 que nos deja en el centro. Está cayendo la de Dios, y esperamos que no nos llueva. Mal. Llegamos a Zara, antes de las doce, pero completamente mojados y Elena en chanclas. Me viene a la cabeza lo que mi madre me decía a las ocho y media: "¡¡¡¡¡Llevate el paraguas!!!!!". Como buen hijo, ni caso.
   Es la una y el bus llega, el otro tarda un poco más en llegar. Acabo con las cosas en un autobus y yo en otro. Elena está sentada conmigo en una especie de cubículo que llaman la planta baja del autobús. Nos ponen una peli que no hay quien la vea ya que la tele es de grande como una PSP.
   Paramos para comer. Un mísero bocata de jamón a cuatro euros, no tiene música y yo casi sin tabaco… Sigue la marcha dirección Benicássim. Tras el fin de la horrenda película, una decisión unánime de todos los que ibamos en la parte baja del autobús, por no llamarlo cubículo.
   La llegada al pueblo del FIB no es muy halagadora, la lluvia hace acto de presencia, de una forma débil, pero advirtíendonos de que nos acompañará todo el fin de semana.
   El autobús nos deja en la segunda zona de camping, la cual está llena y debemos marchar a la tercera. Encomiendo el cuidado de Elena a la Carla y marcho en búsqueda de esa zona de camping dejada de la mando de Dios, que para más inri está al lado del cementerio. No quiero pensar mal, pero esto no pinta nada bien…
   Primer momento alcoholico. El menda carga con la tienda de Tito, en la que voy a dormir. Voy más retrasado que el resto, debido a que me he detenido a sacar dinero. Me acompaña Marc, mientras el resto va unos metros por delante. En una de las paradas del via crucis, no recuerdo qué estación, aparecen dos individuos sentados en sus sillas de playa, cansados y que a nuestro paso nos invitan a sentarnos. Yo no me lo pienso. Sentado junto a ellos, terminamos bebiendo un licor de manzana, "del Eroski" decían ellos; la cuestión es que estaba de lujo. Poco después continuamos nuestra búsqueda del camping Bonet, que era nuestro particular Grial.
   La llegada al camping. Un Jojordi y un Hernán nos esperan impacientes. Nos preguntan donde estábamos. Respondo que nos habiamos perdido.
   Aquí viene otra. El montaje de las tiendas. No hubo manera, hasta el dia siguiente que la tierra ya era barro, de clavar las piquetas. No se cuantas piquetas pude doblarle al pobre Tito.
   Chango y Jojordi marchan hacía el barco vikingo de Runic. Yo me quedo divagando sobre la vida y la filosofía en general con David, el primo de Chango. Poco después desaparace el tipo y nosotros marchamos hacia Gojira, que me habían dicho que estaban bien. La distancia entre el camping y el recinto de conciertos roza los dos kilómetros. Eso no es nada, y decidimos hacerlo caminando. Mal.
   Llegamos medio muertos al recinto. Cambiamos nuestras entradas por pulseras de chiste que no se destruyen ni se mojan, increible y seguimos dirección Gojira. Un concierto de black metal bastante bueno. Después de Gojira, el Jojordi, Hérnan Ibérico y yo marchamos a cenar a la tienda, andando pa no ser menos. Tras llegar agotados cenamos "sangüiches" de paté (sin nocilla por dios). Volvemos justos para Medina Azahara. Brutales como siempre, solo tocan 6 canciones en una hora demostrando que son unos maestros, y el nuevo bajista, el de los antiguos O´funkillo, brutal.
   Seguidamente nos metemos en el barullo que era el concierto de Manu Chao, nos separamos todos. La reunión se produce en el pino de detrás de las carpas. Ahora que estamos todos entramos en el mundo hippie que nos propone el Manu. Acojonante, ese hombre es de otra pasta (como los grandes músicos, que por mucho meterse de todo no se mueren). Para mí el mejor concierto del día.
   Lo siguiente fue Rosendo, todo un señor a la guitarra, con sus canciones caravancheleras propias. Pensé en llamar a Don Diego, redactor de El Lunes, pero recordé que ya se lo restregué el año pasado.
   Para terminar el día vimos a Barón Rojo que estaban de gira 25 aniversario del Volumen Brutal, que tocaron entero por cierto.
   Después nos retiramos entre lloviznas que durante toda la tarde nos habían presagiado la locura que seria el siguiente día. Al llegar a la tienda, nos acostamos y yo tengo recuerdos de un pequeño pedrusco que se adentraba en mi espalda traspasando la propia tienda, que aún estaba en pie, y  mi saco y esterilla. Un cigarrillo y a dormir.
 
Fdo:
Un hombre del tiempo

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