El camino del exceso

   Tomando prestado el título de una canción del grupete maño por excelencia, procedo a contaros el sueño que tuve la noche del 9 de abril.
   Pongamonos en situación: es medianoche y vamos en el coche de Rafa, en el BMW serie 1 del niño. Delante, de piloto va Rafa, y de copiloto Chango. Joska y yo vamos detrás. Joska va detrás de Chango y yo detrás de Rafa. Hasta ahora todo normal.
   Pero resulta que no solo vamos el coche de Rafa, sino que también viene el coche de ViBu moreno, el Peugeot 205 que lo conduce Rafa (no me equivoco, no me preguntéis) y va solo. A la vez, delante de la serie 1 va Rafa, también, en bicicleta.
   La gracia está en que vamos por la nacional, dirección Alicante y a la altura de la tienda enorme de lámparas nos salta la poli, parando poco después, enfrente del D´Angelo. Paramos los dos coches y la bici, que no vuelve a aparecer en todo el sueño.
   Joska sale del serie uno porque la multa por exceso de velocidad nos la ponen al 205 (que no a la serie 1), que es el coche de Joska (el Rancio tiene realmente un Opel Kadett) y va a darle los papeles al policia.
   El poli no atiende a razones y detiene a Joska, mientras el Rafa-205 no sale mal parado.
   Yo ante la situación salgo en defensa de Joska (veis, no os digo que es absurdo) y consigo que a Joska no lo metan en la carcel convenciendo al policía con una conversación parecida a esto:
 – Oiga, ¿usted quiere realmente encarcelar al chico por exceso de velocidad con un 205? ¿O es que tiene prisa por acabar de trabajar e irse de putas?
   El policía, sincero, me dice que prefiere irse de putas. En ese momento yo le comento:
 – ¿Quiere que se lo pague yo? Le doy 55 euros (lo que llevaba en la cartera. Recuerdo a los lectores que es un sueño)
   El policía tras regatear conmigo recibe el dinero para irse de "señoritas" y Joska no acaba en la carcel.
   Tras esto me desperté.
   No sabía donde estaba. Lo recordé, estaba en el monasterio de Orito, en la casa del peregrino, de acampada (vale, también es surrealista irse de acampada a un monasterio, pero esto es real)
   Me a costado recordar lo que había tomado el día anterior, que no había sido nada porque tenía el estomago cerrado.
   La moraleja que he sacado de todo esto no es que Rafa es Dios (estaba en tres sitios a la vez), ni que la policía sea algo que puede comprarse o de poca confianza sino que no se puede confiar en un rancio con un pelo cepillo rubio. O eso o que el chocolate que tomé no era precisamente eso.
 
Fdo:
Un extrañado redactor.
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