Puigcampanadas a medianoche.

  Si, porque un poco mas y nos da la medianoche bajando. Aqui empieza el relato del dia de ayer en el cual seis aventureros capitaneados por don Mariano coronaron el Puig Campana i de sus peripecias…
  La cosa empezó a cosa de las ocho cuando Chango y yo nos despertamos en el sofa del comedor, debido a que habia tenido que dejar mi cama a Tamara, una de las vecinas de arriba (Marta, la otra vecina durmió con Sandra, una de mis compañeras de piso), debido a que se habian quedado sin llaves y no podian entrar a casa. En resumen, eramos dos hombres y cinco mujeres…
  Bueno como estaba contando Chango y yo nos levantamos a las ocho, despertamos a Emi (otra de las compañeras de piso, la Chini pa los amigos) con la escoba, es que soy mu hijo de mil padres, desayunamos, nos hicimos los bocatas, me calzé las botas (no sabia la que me esperaba), y tiramos pal punto de encuentro en donde nos esperaba don Mariano, un perro viejo, un hippie de los de toda la vida. Junto a Mariano estaban Cristina, una mañica mu simpatica, e Isabel. Así que partimos hacia el Puig Campana. No eramos todos los que habiamos quedado la noche anterior pero allá fuimos…
  Fuimos en la furgo de don Mariano, una Volkswagen de hippie con cocina y cama. Una vez llegamos a Finestrar empezamos a prepararnos, mis botas aun estaban enteras, y tras resolver un par de dudas nos dirigimos a la Font del Molí, punto de inicio de la ascensión y donde aparcamos la furgo.
  La ascensión empezó bien, Mariano se habia dejado la furgo sin cerrar y tuvo que bajar a cerrarla y mis botas estaban en perfecto estado. Primera parada para comer algo, primera de muchas.
  Continuamos la subida con algún que otro despiste, arreglado con unos campos a través y preguntas de don Mariano sobre si vemos hitos (montoncitos de piedra que señalan el camino), varias colinas coronadas; mis botas empezaban a desintegrarse. Tardamos dos horas en llegar a la falda del Puig Campana para empezar la verdadera ascención, la pedrera. El Puig por su cara de solana se asciende por la pedrera, una pendiente muy fuerte. Como anecdota decir que son cuatro kilómetros de subida en los que se asciende unos 1400 metros, imaginaos la cuesta…
  Tras encontrar la senda nos sentamos a descansar y a comer algo. Segunda parada. Me doy cuenta de que mis botas están desintegrándose rapidamente, creo que aguantará -eso me digo.
  Nos cruzamos con un grupo de excursionistas y les dejamos una cierta ventaja para que nos fueran guiando, todo ello sin que ellos lo supieran. Empieza la subida por la pedrera. Diez metros después estamos parados comiendo un poco más. Mis botas empiezan a tener poca suela. Seguimos. La senda bordea la pedrera pero eso es poco para mi. Empiezo mi subida por plena pedrera, retrasando al grupo, el cual me habia sacado una considerable distancia.  Graso error, acelero la desintegración botíl. Otra parada para comer algo. Son cerca de las dos y media de la tarde y habiamos empezado la ascensión a las once. Mariano, Cris e Isa se descalzan, empieza el absurdo, yo voy por el mismo camino, pero involuntariamente. Emi lleva rato preguntandose qué hace aquí, quién es ella y el por qué de la existencia humana en general. El agua empieza a escasear, pero aún no es un problema. Más subida. Fotografia de la araña como un dedo meñique del pie. Que asco. No tengo apenas suelas y aún queda media subida y toda la bajada.
  A las cuatro y poco coronamos, aprovechamos para descansar durante una hora. Emilia sigue con sus preguntas sobre metafísica. Cansancio general. A mí me duelen mucho los pies.
  Don Mariano, hombre de mundo nacido en Soria, nos repara como un fisio particular, a mi me deja dolorido el hombro izquierdo y a Chango le duele la parte baja de la espalda. Dolor.
  El agua se agota, ahora entiendo la canción de Jarabe de Palo. La esperanza, siete litros de agua en la furgo de el aguador Mariano.
  Empezamos la bajada. Es una pedrera, me lo voy a pasar bomba, solo me queda de suela los talones, lo necesario para la bajada. Descendemos por la cara de ombría. Descenso cómodo para todos, excepto para mí. La desintegración se detiene debido a que no queda mas suela que desintegrarse. Llegamos a la falda de la montaña sobre las 7. Sed. Aún nos queda una hora de camino hasta la furgo. La planta de los pies me duele horrores, empieza a anochecer. Mucha sed. Emi me deja su palosilvestre-bastón para apoyar mejor; lo parto en dos en un ataque de rabia y frustración.
  Es de noche y pisamos asfalto. Dios existe en forma de carretera y no podeis ni imaginar como me duelen los pies. Muchísima sed.
  Llegada sobre las ocho a la furgo de Mariano, nos bebemos hasta el sudor, mucha sed. Compartimos un rato de charla y alegría, comiendonos nuestros últimos bocatas antes de partir hacia Altea.
  Partimos.
 
Fdo:
Un humilde redactor
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